Decir que no, expresar lo que necesitamos o marcar hasta dónde estamos dispuestos a llegar puede resultar más difícil de lo que parece. En consulta veo personas que evitan poner límites porque temen decepcionar a los demás, generar un conflicto o parecer egoístas.
Sin embargo, establecer límites no significa alejarnos de las personas que queremos. También es una forma de cuidar nuestras relaciones y nuestro propio bienestar emocional.
¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?
En ocasiones aprendemos a priorizar las necesidades de los demás por encima de las nuestras. Podemos acostumbrarnos a aceptar compromisos que no queremos, asumir más responsabilidades de las que podemos gestionar o evitar expresar aquello que nos incomoda.
Cuando empezamos a cambiar esta dinámica es normal que aparezca cierta culpa. En Candil Psicología trabajo con mis pacientes para comprender de dónde procede esa sensación y aprender a diferenciar entre cuidar a los demás y olvidarnos de nuestras propias necesidades.
Aprender a establecer límites también forma parte de construir relaciones más sanas y conscientes, en las que podamos expresar lo que necesitamos sin dejar siempre nuestro bienestar en segundo plano.
Aprender a decir no también es cuidarte
Poner límites requiere práctica. Podemos empezar identificando aquellas situaciones en las que sentimos malestar, cansancio o enfado después de haber aceptado algo que realmente no queríamos hacer.
También recomiendo aprender a comunicar nuestras necesidades de forma clara, sin justificarnos constantemente. Expresiones sencillas como “ahora mismo no puedo” o “prefiero que lo hagamos de otra manera” pueden ayudarnos a establecer límites de forma respetuosa. Sobre este tema, El País aborda la importancia y el papel de los límites en nuestras relaciones.


